«La estética antecede la ética»

La frase es de Nietzche. El ser humano como especie busca la belleza como inclinación natural y esta lo guía en su comportamiento en convivencia.

Don Serafín Gutiérrez Fernández sabía eso cuando sembró cientos de árboles de naranjos en su amada Villa Alegre, en el Maule, en uno de sus siete períodos como Alcalde.

El origen de la idea venía de su natal España, que extrañaba muchísimo, y donde se pueden ver naranjos por distintos rincones del espacio público, hermoseando las calles y dejando un hipnótico aroma de la flor del azahar.

Hoy, más de noventa años después, los naranjos villalegrinos siguen coloreando el ambiente y dictando una pauta de serenidad, alegría y amabilidad en su gente, siendo ejemplar como pueblo de Chile. Don Serafín logró dejar algo valioso para un mañana, como muchos de nuestros ancestros, que construyeron Chile a veces desde la nada misma.

Todos tenemos el deber y el derecho de cuidar y valorar lo que ellos construyeron. En el caso de Villa Alegre, «la pequeña España chilena«, somos todos los que protegemos estos árboles como símbolo de frutos, vida y esperanza. Pero también, como metáfora de nuestro propio árbol genealógico; nuestras raíces y ramas, reconociendo a todos los que estuvieron antes y que nos inspiran para guiar a los que vienen después.

El tío Serafín -hermano de mi bisabuelo materno- llegó a Chile en la época de «hacerse las Américas» y dejó parte de su familia en el otro continente. Al pasar el tiempo, comenzó a sentir profundamente el océano que los separaba cuando escuchaba noticias de la Guerra, donde su propio hermano caería preso. Finalmente mi bisabuelo saldría con vida de esa prisión y el tío Serafín sería Condecorado en Chile por su labor como español en otro país.

Una forma de honrarlos y que sepan que me siento bendecida de que ellos sean mis ancestros, ha sido escribir «Tiempo de naranjos«, un guión cinematográfico que se encuentra buscando financiamiento.

La historia, a filmarse en Villa Alegre, es una comedia romántica a raíz de las nuevas formas de nacer del ser humano hoy, planteando la pregunta sobre nuestro origen.

Nadie está arrojado solo al mundo. Todos pertenecemos, sin importar cuál haya sido la historia.

Los invito a caminar conmigo bajos los árboles de Villa Alegre, donde gracias a este español de visión y valentía, siempre será tiempo de naranjos.

Un abrazo fraterno,

Romina Azócar Gutiérrez

Deja un comentario